Brasil, un campeon inobjetable
22-08-11 13:50
Fueron días plenos donde el fútbol, como tantas veces, fue la razón para exponer al mundo la riqueza humana de Colombia
El anfitrión conmovió enalteciendo el compromiso adjudicado con propiedad, sin dejar un ápice de dudas sobre su capacidad organizativa. La Copa Mundial Sub-20 de la FIFA asombró por su magnificencia, sin ignorar en absoluto la exhibición de las selecciones participantes, donde Brasil, materializó la conquista del título merced a un trabajo colectivo e individual sostenido en un capital técnico y ensamble estratégico, consagrando a figuras, que muy pronto estarán en las marquesinas de la notoriedad profesional. Henrique, goleador del torneo (Botín de Oro concedido por la FIFA); Dudú, un pequeño gran artista con el balón; Oscar, de admirable destreza técnica; la solvencia de Gabriel en el arco o la multiplicidad de Fernando en el mediocampo, pero, sobre todo, la representación de la Confederación Brasileña de Futbol fue un equipo, solidario, sacrificado y contundente, factores que determinaron que alcanzara la cima en forma inobjetable, haciendo un guiño a su historia y a la tradición sudamericana.
Los colombianos, así como en la Copa América del año 2001, aunaron esfuerzos en todos los sectores, y brindaron un ejemplo de cómo es posible plasmar objetivos preservando el interés común. Fue muy gratificante escuchar alabanzas de medios extracontinentales sobre lo observado en el transcurrir del torneo. El Mundial Sub-20 mostró a la Colombia de amplia sonrisa, eficaz, con alta dosis de profesionalidad, montando una costosa infraestructura y las muestras de afecto de su gente.
Muchos suponían que la eliminación de su selección ante México significaría la declinación del interés popular. Una grata sorpresa: ocurrió todo lo contrario. Los colombianos consideraron que el compromiso significaba acompañar el Mundial hasta el pitazo final. Así fue del comienzo al fin. Llenaron los estadios y construyeron paso a paso el récord de mayor asistencia de un mundial de esta categoría. La presencia masiva de aficionados es un capítulo aparte de esta reciente crónica que enorgullece a Sudamérica, porque siempre, o casi siempre, existe amplia onda expansiva con lo negativo, con nuestras falencias, y poniendo énfasis a lo sórdido como un eterno pacto con el desaliento.
Las autoridades de la Federación Colombiana, con el deber cumplido, escucharon con beneplácito las afirmaciones de Joseph Blatter, presidente de la FIFA, que “Colombia, puede albergar la Copa Mundial de mayores del año 2026”. Es un tácito reconocimiento a la tarea emprendida con vigor y enorme responsabilidad. Todos se involucraron. Desde los centenares de jóvenes voluntarios diseminados en cada sede hasta la figura política más encumbrada. Todos jugaron su mundial y sembraron el país con un legado que perdurará en el tiempo: los imponentes estadios, dignos del concluido desafío, que las futuras generaciones podrán disfrutar, evidenciando a la Colombia que progresa, cuya fortaleza está incrementada por un admirable sentido de pertenencia.
El Sr. Luis Fernando Montoya, ejemplo de tenacidad, campeón de la Libertadores con el Once Caldas, dotado de una lucidez mental ponderable, lo dijo con sencillez: “En Sudamérica está en el talento. Por eso buscan a nuestros futbolistas”. A lo que habría que agregar, como en este caso, la capacidad necesaria para honrar el encargo de organizar un evento complejo, con absoluta certeza de éxito.
(*) El autor es el Director de Comunicaciones de la Conmebol