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Aquel grito del ‘78

El estadio Monumental de Núñez se estremeció cuando en el minuto 104’, Mario Alberto Kempes firmaba el 2-1 parcial sobre Holanda, en la final de la Copa del Mundo 1978, un momento épico en la historia del fútbol sudamericano, que le valió a la Argentina su primer título mundial.

La tensión se apoderó de las gradas del Monumental. Holanda logró el empate tras arremeter por varios minutos la defensa albiceleste, que vio caer su valla luego de estar en ventaja gran tramo del juego.

Era una noche fría aquel 25 de junio del año 1978 en Buenos Aires. La anfitriona selección argentina se citó en la final del mundial con Holanda, un duelo de preludio parejo y bastante prometedor.

Como era de esperarse, el estadio contó con un marco ideal, con aforo completo y el celeste y blanco hondeando en toda la localidad, que coreaba el nombre del héroe de aquella noche, el notable delantero Mario Alberto Kempes.

Kempes guio la conquista Albiceleste anotando dos goles y teniendo participación gravitante en el tercero de Bertoni. Una jornada inspirada del ‘Matador’, goleador del certamen ecuménico con 6 dianas.

«Los primeros minutos los pasamos muy mal, porque ya sea (Rob) Rensenbrink, (Jonny) Rep o el que fuese, nos llegaban con mucha facilidad. El Pato Fillol sacó tres o cuatro pelotas que pudieran llegar a ser fácil uno o dos goles. A medida que fueron pasando los minutos, fuimos igualando ese poderío que tenía Holanda y llegamos a marcar el primer gol. A partir de allí no es que jugáramos más tranquilos, pero sabíamos que llevábamos la iniciativa. Luego nos empató (Dick) Nanninga faltando 7 u 8 minutos, y llegó aquel famoso tiro de Rensenbrink en el palo», recuerda aquel partido el ‘Matador’.

-Pararon nuestros corazones-

El ariete holandés Rob Rensenbrink se metió desprevenido por la zona postrera de la defensa argentina, Ubaldo Fillol sale despavorido a intentar evitar el remate del europeo; sin embargo, el balón se mete por un costado, pero para fortuna del golero pega en el palo derecho y encuentra el despeje de Gallego, salvando el empate en ese entonces.

“Pararon nuestros corazones y el de más de 25 millones. Fue una suerte terrible que se dio tras un pelotazo del portero de ellos, por suerte pegó en el palo y pudimos despejar esa pelota”, rememora el goleador Kempes.

Argentina sintió el cansancio del intenso trámite del partido y replegó sus líneas en los últimos momentos del juego. Kempes había puesto en ventaja al local, cuando mejor jugaba, mediante una brillante jugada eludiendo a holandeses tras recibir pase de su compañero Leopoldo Luque y metiendo el puntín ante la salida del golero Jan Jongbloed.

Pero Dick Nanninga a los 82’ tiraba por la borda todo el esfuerzo sudamericano en pos de mantener su ventaja. El holandés se adelanta al rechazo defensivo y de cabeza anota el empate.

-Un grito del alma-

El 1-1 mandó al juego a tiempo extra. ‘La Naranja Mecánica’ se mostró más completa en los últimos minutos, no obstante, el corazón sudamericano nunca dejó de Creer en Grande y sacó su último suspiro para ganar el juego.

Los dirigido por el mítico César Luis Menotti se adentraron al ataque con el mando del capitán Daniel Pasarella, eje defensivo del cuadro campeón. Una Argentina llena de estrellas.

Daniel Bertoni filtró el balón en medio de dos defensores y conecta con Kempes, el ’10’ replicó la jugada del primero y volvió a vulnerar la defensa rival, pero en el trayecto a la meta final, el balón se topó con la mano del portero holandés… quedó boyando en el aire y de sobre pique, el goleador volvió a meter el puntin y mando el esférico al fondo, para desatar el ´jubilo argentino.

“Fue un grito del alma. No fue el más lindo de los goles que haya marcado, pero sí el más emocionante. Creo que incluso la gente estaba soplando para ver si esa pelota entraba. Tuvo suspenso, pero entró”, relata Kempes aquella dramática jugada.

El gol fue revitalizador, y terminó siendo vital para las aspiraciones argentinas, “pero aún quedaba 15 minutos y no nos podíamos confiar, por eso no bajamos las revoluciones”, cuenta el ‘Matador’-

Una vez más, el mejor jugador tomó la lanza y con su característico dribleo ingresa al área, no obstante, encuentra un leve desvió defensivo y pierde dirección topándose con la presencia de Daniel Bertoni, quien atina llevar el balón con la cabeza para posicionarse y definir a placer.

El desborde emotivo al final encuentro fue gigantesco. “En el fútbol argentino, es normal que, al terminar el partido, tanto en el campeonato local como en el Mundial, el público salte y se meta en la cancha. Por eso no se pudo festejar de la manera que se hace en Europa, donde se recibe la Copa y se da la vuelta olímpica. En Argentina no di la vuelta olímpica ni mucho menos, aunque creo que Passarella, Fillol y algunos otros sí lo hicieron. Pero era imposible: ¡era tanta gente! Después nos fuimos al vestuario y tuvimos que esperar un rato para cambiarnos e ir a la cena donde tenían que entregar el premio», revive aquel instante, el ‘Matador’.

CONMEBOL.com FOTOS: AFP

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