- En exclusiva para CONMEBOL.com el DT Gustavo Alfaro brindó detalles de cómo se prepara la selección paraguaya para volver a una Copa del Mundo tras 16 años de espera.
- En este contexto el seleccionador albirrojo afirmó: “Lo único que sí podemos asegurar es nuestra actitud y predisposición. Podemos garantizar que vamos a luchar, que vamos a competir contra todos los rivales y que vamos a defender lo que representa Paraguay“.
Desde su llegada a Paraguay, Gustavo Alfaro no solo encendió la ilusión, sino que la transformó en un sentimiento colectivo. Para el entrenador argentino, esta clasificación es el resultado de soñar en grande, de compromiso y de entender lo que significa vestir la camiseta de una Selección que late con pasión sudamericana.
Para Alfaro, “Cree en grande” no es solo un lema. Es una filosofía de vida.



Recuerda el entrenador, antes de rememorar cómo desde muy joven imaginó dirigir en un Mundial, incluso antes de saber cómo llegar allí. Ese sueño, dice, tuvo que caminarse con paciencia y valentía durante años.
– El valor de soñar y perseguirlo –
“Cuando uno se atreve a soñar, el cielo es el límite”, afirma Alfaro, consciente de que en Sudamérica las batallas son desiguales en lo económico pero igualadas en lo emocional. Antes de convertirse en técnico mundialista, se inspiró en una conferencia de prensa de Jürgen Klinsmann en Alemania: “Ahí despertó en mí el deseo de creer en grande”, recuerda. Para él, el fútbol sudamericano es una tierra de desafíos, donde la diversidad de climas, geografías y culturas convierte a cada rival en una prueba exigente.
Con Paraguay, el entrenador buscó algo más que resultados: un sentido colectivo. “Nosotros representamos al trabajador de a pie… no podemos solucionar sus problemas, pero sí darles alegría y felicidad”, explica, consciente del poder único que tiene el fútbol para unir y emocionar.

– Entre generaciones: talento joven y liderazgo experimentado –
El equilibrio entre juventud y madurez se vive en cada entrenamiento. Alfaro destaca a talentos como Julio Enciso y Diego Gómez, jóvenes con proyección pero también con historias de vida profundas. “Julito hablaba de ver los Mundiales con su abuelo… y eso se transforma en compromiso”, cuenta, rememorando cómo ese sueño compartido marcó al jugador.
De Diego, resalta no solo su calidad futbolística, sino su humildad y corazón, ejemplificada cuando eligió regalarle a su madre la casa que ella siempre soñó. “Cuando uno tiene esos gestos, es un campeón de la vida”, subraya Alfaro.
Ese clima de unidad también se ve en el liderazgo de Gustavo Gómez, capitán que encarna compromiso sin adornos. “Si yo fuese técnico de un club, siempre los elegiría a él y a Almirón”, dijo en conferencia de prensa, destacando la entrega constante de los experimentados. Para Alfaro, su presencia no solo aporta fútbol, sino también valores que transmiten a los más jóvenes.

– Una copa que fue de película –
El concepto de Creer en Grande no es nuevo para Alfaro. Lo vivió en 2006, cuando llegó a Arsenal tras un paso inconcluso por San Lorenzo. Arsenal venía de la peor campaña de su historia y él fue claro con el plantel: “Este es el equipo de los fracasados. Yo también vengo de fracasar. Vamos a comprometernos a conquistar algo”.
Ese grupo humilde, más familiar que rutilante, se salvó del descenso y clasificó a la CONMEBOL Sudamericana. Entonces apareció la pregunta que lo cambió todo: “¿Dónde está escrito que no podemos ser campeones?”.
El camino incluyó eliminar al San Lorenzo de Ramón Díaz, superar a Goiás, a Chivas de Guadalajara y llegar a la final ante América, en el Estadio Azteca.
Antes del partido decisivo, Alfaro recibió un llamado inesperado. Del otro lado de la línea estaba Diego Maradona. “En ese templo me consagré yo, en ese templo salí campeón del mundo. Ahí un equipo argentino gana”, le dijo. Ese mensaje fue trasladado al vestuario. Arsenal ganó. La copa fue realidad.
“Fue una copa divina, una copa de creer en grande”, resume.

– Un pueblo que late con su Selección –
Uno de los momentos más emotivos para Alfaro fue el recorrido desde Ypané hacia el Defensores del Chaco, al ver las calles de Asunción colmadas por la gente. “Ver padres con hijos, madres, abuelos… fue una procesión de fe”, recuerda con emoción. Para él, ese apoyo incondicional representa algo más que fútbol: es identidad y sentimiento de país.
Aún cuando la responsabilidad pesa, Alfaro confiesa su deseo de entrenar unos días en Asunción antes de viajar al Mundial y abrir las puertas para que la gente pueda abrazar a la Selección simbólicamente una muestra de agradecimiento por ese cariño ganado.
– Más allá de la competencia: honor y pertenencia –
Al ser consultado sobre figuras como Carlo Ancelotti, actual entrenador de la selección brasileña, Alfaro ve en ello un reconocimiento del prestigio que tiene el fútbol sudamericano, una competición exigente y respetada incluso por los principales protagonistas del fútbol mundial.
Y sobre Lionel Scaloni, destaca su labor al transformar una de las potencias del continente con serenidad, orden y una visión futbolística que permitió a Argentina lograr títulos continentales y un Mundial, demostrando la importancia del rol del entrenador para que el talento fluya con estructura.

– El corazón del futbolista sudamericano –
Para Alfaro, lo que define al jugador sudamericano no se mide solo en técnica o físico, sino en nobleza de corazón. “Si uno conquista ese corazón, puede conquistar cualquier cosa”, reflexiona, recordando una anécdota con Fabián Balbuena: “Si usted nos dice que tenemos que entrenar a las tres de la mañana con nieve, lo hacemos… Pero el día que usted nos mienta, deja de tener valor para nosotros”. Esa autenticidad y verdad, afirma, es la clave para construir un grupo sólido.

– Paraguay va al Mundial. ¿Y ahora? –
“La Selección está aquí no solamente para disputar una Copa del Mundo, sino para representar la historia de un país que clama por demostrar que está de pie”, afirma Alfaro con convicción. Paraguay no lleva solo nombres o camisetas: lleva sueños, memoria, historia y una identidad que combina lucha, sacrificio y un amor incondicional por el fútbol.
Y en ese espíritu, más allá de resultados o fases, Paraguay viaja a demostrar que creer en grande no es solo un lema: es una forma de vivir.

– Entrevista completa –
CONMEBOL.com/AFP








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